miércoles, 6 de enero de 2010

La mentira de la acupuntura

¡Clavar agujas “en las carnes”! ¡Qué coraje! ¡Qué locura! Y sin embargo hay gente que lo hace y otra que cree en sus “beneficios” para la salud y se somete al tratamiento.


Evidentemente, ¡”hay de todo en la Viña del Señor”! La mente no descansa y… puestas al vuelo sus dotes de fantasía de la mano de la ignorancia o...¡del interés pecuniario!; ciertos individuos se lanzan a la aventura de paliar las dolencias del género humano; ya sea con convencimiento pleno de hacer un bien o llenar sus bolsillos con platita a costa de los pacientes que, con “santa paciencia”, esperan recuperarse de una dolencia que puede tornarse grave desde el punto de vista médico alopático, que necesita con urgencia un tratamiento drástico.

Se afirma que, utilizando agujas muy finas, pinchadas en el cuerpo de un paciente, esto sirve, cual método milagroso, para recuperar la salud. (Habría que preguntarles a los nativos que andan semidesnudos en la Amazonia peruana y brasileña que he tenido oportunidad de conocer, si gracias a los pinchazos de los vegetales allí existentes, se liberan de sus achaques, pero no creo que se encuentren realizando pruebas en este sentido, aunque me atrevo a conjeturar que más de uno de nosotros, si andamos por ahí, en esos lares, podemos adquirir una severa infección por falta de anticuerpos, quizás por contagio de los monos. También sostengo que cierta selección a nivel planetario se ha realizado entre todas las etnias del mundo, depurándose así la “raza humana” frente a innumerables dolencias, a expensas de mortandades en masa, quedando los mejores, los más resistentes.

Hasta aquí bien, pero, eso de clavar agujitas en el pellejo para borrar como por ensalmo diversas dolencias… ¡dudo sobremanera de su eficacia!

Sabemos que los chinos fueron los que inventaron esta pseudoterapia y hoy también los nipones y coreanos, por ejemplo, la practican a la par de muchos occidentales atrapados por la difusión del método mediante libros, libritos, diarios y revistas sensacionalistas y otros medios considerados no tan sensacionalistas tenidos por “serios” como ciertos programas televisivos.

Estos mentirosos acupunturistas nos pretenden aleccionar acerca de que el hombre debe vivir en armonía con la naturaleza (que a veces nos maltrata, hiere, enferma o mata) y que es menester meditar acerca del “perenne movimiento del universo” (sic), sobre la vida y la muerte; todo de la mano del antiguo budismo, hasta arribar a cierto “estado de conocimiento” liberador que nos aleja del sufrimiento (sic). (Según mi óptica, tan solo se trata de un mero relax que puede durar poco tiempo si los problemas existenciales del paciente subsisten).

Con esta mezcla de ingredientes occidentales y orientales, más agujas “milagrosas”cual varitas mágicas, se pretende hacer frente a los desarreglos físicos (¿y también psíquicos?) que perturban nuestro armónico proceso biológico.



Esperamos así, que luego de estas cosas casi mágicas como los pinchazos contra nuestras queridas células vivientes de que estamos formados, pueda surgir ¡con alegría!, como por ensalmo y arte de magia de un genio bonachón, una excelente salud, aunque, sabemos por experiencia y los médicos también lo conocen, que a pesar de los reiterados pinchazos propinados por los acupuntores, las más de las veces los males continúan su empedernido y muchas veces mortífero avance en un tiempo ya perdido para la salud, que pudo haber sido bien aprovechado por la medicina clásica para paliar el morbo.

Claro está que, todo depende de los escrúpulos de quien realiza el “tratamiento” y también si existe o no un efecto placebo, y si el paciente “sale ileso” con el tratamiento y satisfecho con su salud. Si esto ocurre como en los casos de curación espontánea, entonces este éxito se pregona a los cuatro vientos; más ante un resultado fallido, siempre es posible esgrimir alguna excusa para salir del atolladero, pero no quisiera hallarme en el pellejo de un enfermo que ha perdido un tiempo precioso para atajar su mal.

Si el acupunturista es consciente y ve que las cosas se ponen feas, vaya y pase, ¡al especialista con el paciente! Más si se trata de un inescrupuloso, ¡pobre enfermo! ¡Lo compadezco!

Estoy de acuerdo, otra vez, en que hay de todo en la “viña del Señor” y que a veces es difícil distinguir a un mentiroso, de aquel que actúa consciente y éticamente ante un pobre paciente con espectativas en el tratamiento.

¿Es cuestión de ética? A veces sí, otras no, pero, por las dudas, dejemos en el lejano pasado huérfano de ciencia y alta tecnología, a los tratamientos milagrosos, y busquemos lo último en la materia. Nuestra salud nos estará sumamente agradecida.


Aquí el audiolibro de la nota: "La mentira de la acupuntura"

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